El quid de la cuestión: los colonos judíos en Cisjordania
Ayer comenzó en la ciudad balneario de Sharm el Seij, en Egipto, la enésima cumbre de donantes para los Territorios Ocupados, en este caso en concreto para Gaza. Dejando al margen la contradicción de que las ayudas se van a articular a través de la Autoridad Nacional Palestina, controlada por Fatah, y no a través de Hamas, la formación política que controla la Franja y que ni siquiera ha sido invitada a la cumbre, se aprecian algunos cambios de rumbos positivos en la política de Estados Unidos. Hillary Clinton ya ha dado un aviso a navegantes, sentando las bases para el futuro, independientemente de cuál sea la formación del nuevo gabinete israelí. La secretaria de Estado ha apoyado claramente la creación de un Estado palestino y ha rechazado el principal obstáculo para ello: la ampliación de los asentamientos de colonos judíos en Cisjordania. Sin embargo, si hacemos caso a lo anunciado por la ONG israelí Paz Ahora, Tel Aviv sigue a lo suyo. Según esta organización, estaría planeando la construcción de más de 70.000 nuevas viviendas para colonos, lo cual supondría doblar prácticamente la población de los asentamientos de Cisjordania, que superaría el medio millón de personas.
La ampliación de los asentamientos ha sido la principal herramienta de Israel para socavar una solución negociada y dictar los pasos a dar en unas hipotéticas conversaciones bajo el principio de ‘paz por territorios’. Con la política de hechos consumados que supone crear núcleos de población en lugares estratégicos de Cisjordania, principalmente en Jerusalén Este, Israel se garantiza prácticamente la anexión de esos territorios en unas futuras negociaciones. En cualquier caso, y a pesar de lo afirmado por Clinton, Benjamin Netanyahu, el probable nuevo primer ministro israelí, no se ha mostrado partidario de la creación de un Estado palestino.
El Mossad y la CIA hacen de las suyas
¿Quién dijo que las historias de espías se habían acabado con la Guerra Fría? Según publica el Daily Telegraph basándose en fuentes de la inteligencia estadounidense y europea, Israel estaría desarrollando una guerra encubierta para impedir a Irán desarrollar su programa nuclear. Las actividades del Mossad incluirían el servicio completo, desde sabotajes con agentes infiltrados al asesinato de los científicos implicados en el programa, como relata una analista de Stratfort, una de las agencias privadas estadounidenses de inteligencia, “con la colaboración de los Estados Unidos, las operaciones encubiertas israelíes se han concentrado tanto en eliminar a las personas clave del programa nuclear, como en sabotear la cadena iraní de suministro nuclear”. Lo dicho, dando ideas a John Le Carré.
La destrucción israelí de Gaza
En el último post del blog que los investigadores de Amnistía Internacional en Gaza están escribiendo se puede leer los efectos de la ofensiva israelí en la Franja. Una ofensiva que, en teoría buscaba el impedir los lanzamientos de cohetes en territorio israelí pero que, de paso, ha supuesto la enésima infracción de los derechos humanos por parte de Tel-Aviv y, además, ha destruido el ya de por sí precario tejido económico de la zona. Según relatan los investigadores de AI, “en las áreas industriales del noreste y el sureste de la ciudad de Gaza hay una devastación total. Cada fábrica ha sido metódicamente destruida”. Citan el caso de una fábrica de cemento en la que cada vehículo –camiones, hormigoneras y hasta el coche del anciano vigilante de la fábrica- han sido volcados y parcialmente aplastados”. Sólo se dejó sin tocar “un vehículo previamente averiado”. En el área industrial cercana al campo de refugiados de Jabalia, el más poblado de la Franja, “sólo vimos montones de escombros”. Allí, “trozos de maquinaria, mercancías, las chapas de metal de los tejados y los ladrillos de los muros habían sido destrozados y amontonados” por los bulldozers israelíes. El informe completo de los investigadores de AI será publicado en los próximos días.
El sake y la crisis, mala combinación
A pesar de que Japón no se ha visto directamente relacionado con la crisis financiera internacional, el desplome del consumo en el resto del mundo ha provocado que la segunda economía del mundo se encuentre en la peor crisis desde la II Guerra Mundial. La actividad ha caído más de un 12 por ciento en 2008 y ya acumula tres trimestres con el PIB en crecimiento negativo. Así que no me extraña que su ministro de Finanzas, Shoichi Nakagawa, se de a la bebida.
Israel fortalece a Hamas… ¿sin querer?
Con todas las reservas que siempre hay que poner a las encuestas, es llamativo un sondeo hecho público por el Jerusalem Media Communication Center (JMCC), que muestra que tras el ataque israelí a Gaza el apoyo a Hamas entre los palestinos ha crecido. Si hubiese elecciones en los Territorios Ocupados el 28,6% votaría por Hamas (19,3% en un sondeo realizado en abril), y el 27,9% lo haría por Fatah (34% en abril). Además, el 47,6% de los palestinos entrevistados cree que Hamas salió victorioso de los combates contra el ejército israelí.
Ahí están los efectos de los ataques a la Franja de Gaza. ¿Y quién sale beneficiado de ello? Israel. Bajo la premisa de ‘cuanto peor, mejor’, mientras las posiciones se radicalicen y los palestinos sigan divididos es más fácil que se mantenga el estatus quo, con las negociaciones estancadas y los asentamientos de colonos judíos en Cisjordania ampliándose.
Marwan Barghouti, el puente entre Hamas y Fatah
Mientras Tzipi Livni trata de formar gobierno en el ingobernable parlamento israelí, que, sea el que sea, no augura buenas perspectivas para el avance en las negociaciones de paz, Hamas ha vuelto a poner encima de la mesa el nombre de Marwan Barghouti en las conversaciones para alcanzar un alto el fuego estable en Gaza. El Movimiento de Resistencia Islámica quiere incluirle entre los prisioneros que debería liberar Israel a cambio del soldado retenido en la Franja de Gaza, Gilad Shalit.
Si Israel accede a la petición, el retorno de Barghouti a la escena política palestina quizá sea la mejor noticia para reducir al abismo que ahora separa a Hamas y Fatah. Barghouti procede de las filas del partido de Mahmud Abbas, pero no pertenece a la vieja guardia que, asentada en el poder desde hace años, está totalmente desacreditada para la mayoría de los palestinos por su corrupción y su ineptitud. Ganó credibilidad y respeto durante la Primera Intifada. Fue su principal líder sobre el terreno mientras Arafat y su círculo estaba en el exilio de Túnez. Y fue de los primeros en distanciarse de la cúpula del partido al comprobar que en muchos casos estaban más interesados en asegurarse la poltrona que en luchar contra la ocupación. El comienzo de la ruptura tuvo lugar cuando Barghouti ganó las primarias del partido pero Abbas se negó a aceptar el resultado. Liderando a las generaciones más jóvenes de Fatah, creó un partido independiente Al-Mustaqbal (El Futuro) que terminó integrándose en las listas de Fatah, para no dividir el voto, de cara las elecciones legislativas de enero de 2006 que terminó ganando Hamas.
Barghouti está encarcelado desde 2002, condenado por asesinato a cinco cadenas perpetuas como uno de los responsables de las operaciones del brazo armado de Fatah los Mártires de Al Aqsa contra el ejército israelí durante la Segunda Intifada. Y es que, durante esos meses en que los atentados terroristas suicidas en Israel se multiplicaron, el siempre se mostró en contra de la violencia contra los civiles, pero reafirmando una y otra vez su derecho a la resistencia armada contra la ocupación. De esto proviene el respeto se le tiene desde Hamas, por la contraposición con la sumisión a Israel que presenta Abbas y su gente. Y de que pidan su liberación.
Rahm Emanuel, un sionista en la Casa Blanca
El jefe Gabinete de Obama es el mejor representante de la postura proisraelí que, por los menos en principio, tiene la nueva Administración estadounidense. Emanuel es judío practicante, hijo de un antiguo miembro de la organización terrorista sionista Irgun, que atentó contra británicos y árabes por igual antes del 48, y después, con el Estado de Israel ya fundado, fue el embrión del Likud, el partido de la derecha israelí. Durante su niñez en Chicago asistió a un colegio religioso judío, en el que ahora están matriculados sus hijos, y participó en varios campamentos de verano en Israel. De hecho, durante la primera Guerra del Golfo, sirvió como mecánico en el ejército israelí.
Y no sólo Emanuel es el único judío cercano al nuevo presidente. El que fue su jefe de campaña durante las elecciones, David Axelrod, que ahora ha pasado a ocupar un puesto de asesor en la Casa Blanca, también lo es. Aunque no parece un ferviente creyente, como lo es Emanuel.
Obama soslayó todo lo sucedió en Gaza durante su discurso de investidura, pero sus primeros movimientos en la Casa Blanca demuestran una voluntad importante de implicarse en el conflicto. La pregunta es si la defensa de Israel seguirá pesando por encima de todas las cosas. En la visita que realizó a Israel (“un milagro que ha ido floreciendo”, según dijo al bajarse del avión) en julio, Obama se volcó con los israelíes y a los palestinos apenas les dedicó 45 minutos. Y en un aviso para navegantes, durante un desayuno con el ministro de Defensa, Ehud Barak, llegó a decir que “no podemos aceptar que Irán tenga armas nucleares. Es una gran amenaza no solo para Israel sino para toda la humanidad. El mundo debe evitarlo y para ello todas las opciones están sobre la mesa”.
El hecho de que uno de los primeros líderes mundiales con los que se pusiera en contacto fuese Mahmud Abbas es muy significativo. Además, el nombramiento como enviado especial a Israel y los Territorios ocupados de George Mitchell, artífice de los acuerdos de Viernes Santo entre el IRA y el Gobierno británico, es otra muestra importante del deseo de intentar entablar unas negociaciones. Además Mitchell ya tiene alguna experiencia en Oriente Próximo. En un informe que redactó en 2001 llegaba a pedir el fin la construcción de nuevos asentamientos israelíes en los Territorios Ocupados. Pero habrá que ver hasta dónde llega ese aparente deseo de Obama y, sobre todo, el gobierno israelí que saldrá de las urnas.
De profetas y colonos
Abraham, Ibrahim para los musulmanes, quería probar su fe ante Dios. Y a Dios no se le ocurrió mejor prueba que obligar a Abraham a matar a su hijo Isaac. Pero como Yahvé aprieta pero no ahoga, cuando Abraham estaba a punto de acuchillar a Isaac, la voz del Todopoderoso abrió los cielos, diciendo: “¡detente Abraham!, pues ya sé que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único hijo”. Esa es la historia oficial. La verdadera, corroborada por fuentes de toda solvencia, es que después de que Abraham soltara el cuchillo, arrepentido y agradecido por la magnanimidad del Señor, el bueno de Isaac se levantó del suelo pensando: “menos mal que soy ventrílocuo, que si no este hijo de puta me mata”.

El muro entre el asentamiento colono y el barrio antiguo de Hebrón
La última de los colonos en Hebrón la cuenta Juan Miguel Muñoz en El País. Así que mientras el gobierno israelí siga permitiendo los desmanes de los colonos, gestos como el de liberar a presos palestinos no sirven más que para lavar su imagen ante Occidente.
Palestinos y colonos, viven en régimen de apartheid. No se tocan. Los asentamientos tienen sus propios accesos a la mezquita de Abraham. Y los colonos, para comprar y trabajar van a Jerusalén, a media hora en coche. Pero viven pared con pared. Lo cual facilita las humillaciones constantes de los colonos a los árabes. Ataques físicos y psicológicos como profanar los cementerios árabes o tirar basura desde sus ventanas a las calles por donde circulan exclusivamente palestinos, de la que éstos se protegen con redes.

