De profetas y colonos
Abraham, Ibrahim para los musulmanes, quería probar su fe ante Dios. Y a Dios no se le ocurrió mejor prueba que obligar a Abraham a matar a su hijo Isaac. Pero como Yahvé aprieta pero no ahoga, cuando Abraham estaba a punto de acuchillar a Isaac, la voz del Todopoderoso abrió los cielos, diciendo: “¡detente Abraham!, pues ya sé que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único hijo”. Esa es la historia oficial. La verdadera, corroborada por fuentes de toda solvencia, es que después de que Abraham soltara el cuchillo, arrepentido y agradecido por la magnanimidad del Señor, el bueno de Isaac se levantó del suelo pensando: “menos mal que soy ventrílocuo, que si no este hijo de puta me mata”.

El muro entre el asentamiento colono y el barrio antiguo de Hebrón
La última de los colonos en Hebrón la cuenta Juan Miguel Muñoz en El País. Así que mientras el gobierno israelí siga permitiendo los desmanes de los colonos, gestos como el de liberar a presos palestinos no sirven más que para lavar su imagen ante Occidente.
Palestinos y colonos, viven en régimen de apartheid. No se tocan. Los asentamientos tienen sus propios accesos a la mezquita de Abraham. Y los colonos, para comprar y trabajar van a Jerusalén, a media hora en coche. Pero viven pared con pared. Lo cual facilita las humillaciones constantes de los colonos a los árabes. Ataques físicos y psicológicos como profanar los cementerios árabes o tirar basura desde sus ventanas a las calles por donde circulan exclusivamente palestinos, de la que éstos se protegen con redes.

